‘Moderna de Pueblo’: «El cuñadismo no descansa»

La popular ilustradora presenta este lunes a las 19 horas en el Club Diario su libro 'Idiotizadas, un cuento de empoderhadas'

Desde Valencia, en barco y sin hotel. Así fue la primera visita a Eivissa de Raquel Córcoles, más conocida como ‘Moderna de Pueblo’. Tenía sólo 16 años e iba de paso a Formentera. En esta segunda ocasión viene por trabajo, para presentar su último libro: ‘Idiotizadas, un cuento de empoderhadas’. Será este lunes a las 19 horas en el Club Diario, tras la inauguración oficial de III Semana Cultural.

‘Idiotizadas, un cuento de empoderhadas’

¿Por qué seguimos idiotizadas?
Creo que no es nuestra culpa. Hemos crecido en un sistema y bastante estamos haciendo para despertar. En la contraportada del libro dice que se trata de desaprender lo que nunca deberían habernos enseñado. Cuando te han educado de una forma es casi imposible depurarte completamente. Y más cuando despiertas a los 28. Me sigo analizando, sigo viendo comportamientos injustos hacia mi género y hacia mí misma. Se trata de ser consciente de que estamos programadas así. Si yo educara a gente, si tuviera hijos o jóvenes, el objetivo sería no trasmitirles esa información que llevo dentro y que no quiero que se propague.

¿Es más difícil aprender o desaprender?
Es difícil aprender cosas a cierta edad. Mi padre tiene una actitud que se relaciona con el género masculino: «Yo soy así y siempre seré así». Y mi madre, aunque tiene prejuicios, quiere no tenerlos, que le expliquen cosas nuevas y ver el mundo de forma diferente. Desaprender es muy complicado y aprender, aunque me da pereza, trato de ir con los ojos abiertos y escuchar cómo ven las cosas quienes tienen diez años menos. Los más jóvenes tienen la razón. Si no te da la gana aprender, no lo harás y si no quieres desaprender, tampoco.

Es una cuestión de actitud.
Totalmente. En las redes te topas con personas que ya ves que no tienen ninguna intención de reflexionar. No están abiertas. No es que no puedan, es que no quieren.

Zorricienta, la sirenita pescada y Gordinieves. ¿Disney nos ha hecho mucho daño?
Soy muy nostálgica y hay referentes de infancia que me han marcado mucho. Hice hace tiempo una viñeta sobre Disney y en este libro hay algo de rescatar esa viñeta con la que empatizaron muchas chicas porque las princesas Disney han sido, sin quererlo, nuestra referencia de historias a las que aspirábamos. También tenía referencias de ‘Dragon Ball’, con Bulma. Te encantaba y disfrutabas y luego ves que esos referentes o eran pánfilas o sexis. Intentabas ubicarte con una absoluta falta de referentes sanos. Disney no tiene la culpa de haber sido un referente inigualable, pero sí una responsabilidad.

Oferta de empleo para el Mobile: talla 36, guapa y si mides más de 1,75 te pagan un euro más la hora. ¿Qué diría Gordinieves?
Pues si está en el paro le dará mucha rabia porque si con lo difícil que es tener trabajo encima te ponen obstáculos si no mides 1,76 y tienes una 36… Es vergonzoso. Entiendo que haya trabajos en los que la buena apariencia esté cotizada, el problema es que esa exigencia recaiga siempre en las mujeres. Sólo. Si hay un trabajo en el que todos tenemos que ser guapos, perfecto, pero el trabajo de azafata es ser un maniquí y siempre es una mujer porque las mujeres se supone que ya lo somos.

¿Por qué cuesta tanto entender que el feminismo va de eso, de que no se nos pida o se nos vete algo por ser mujeres?
Mira, de esa noticia hubiera leído el titular y los comentarios. Con ellos pierdo la fe en la humanidad. Intentas explicar eso y eres una loca que se está quejando de algo que es lógico. Y aunque digas que entiendes que cara al público debe haber alguien atractivo, pero que es una injusticia que se exija sólo a la mujer, es imposible, si quien está al otro lado no quiere, que entienda nada. Mira Carmen Thyssen, ha dicho que ella no es feminista es femenina. No lo entiendo.

Bustamante dice que ni feminista ni machista, que es persona humana.
Es lo que dijo Paula Echevarría, que no sé si sigue con esa perspectiva. De la misma forma que tú y yo estamos hablando, alineadas y conectadas, en el mismo punto o muy parecido, hay gente que está en una terraza y que se siente muy cómoda diciendo ese tipo de cosas. E indignada porque dicen que la mujer no puede ser mujer ni el hombre, hombre. Qué mal que exista y qué bien que no me cruce con esto en mis amigos y mi vida. Es el discurso cuñado, la broma de Navidad. Pero el cuñado no existe sólo en Navidad, no descansa, está todo el año haciendo esos comentarios y no tiene interés en entender esta lucha social.

Con Vox los cuñados están muy crecidos.
Vivo un poco descontaminada. De hecho en una charla a la que me invitaron tuve la idea iluminada de decir que estábamos avanzando mucho y tardaron nada en pararme los pies y preguntarme que en qué mundo vivo. Pues en uno en el que hablo con gente tan afín a mis ideas que no soy consciente del cuñadismo general que hay.

¿Hay mucho de Raquel en Moderna?
Mucho. Hago que diga cosas que no me han pasado al 100% pero que son reflexiones que me gustan. No hay un afán de que Moderna sea una explicación de mi vida y de dejar constancia de todo lo que me pasa. Trabajo con Carlos Carrero, mi chico, vemos conversaciones que se repiten en nuestro entorno y reflexiones que hemos hecho en voz alta, decimos «vamos a hablar de esto» y Moderna es un canal para hacerlo. A veces es como una vía de escape. Hay algo que necesito sacar, lo dibujo en tres horas en el ordenador y lo publico para un millón de personas a las cuatro horas. Es algo heavy, muy personal y muy público que te desahoga. Tiene una conexión brutal contigo misma. Si hago un libro me gusta que tenga una base real porque así me lo creo, pero no quiero que la gente tenga que comerse mi vida porque soy interesante. Me gusta que Moderna sea un personaje al que no le pasen las cosas, sino que las observe.

¿Nunca le ha dicho nadie de su entorno: «Joder, Raquel, que ésa soy yo»?
Sí, de forma más simpática o más borde, me he encontrado con situaciones así. Si veo un comportamiento repetido sé que hay un cliché, una forma de ver o de entender la vida, que a veces se encarna en una persona que conoces, aunque normalmente son tres o cuatro. De repente una amiga se siente violentada porque se ve muy reconocida y cuesta hacerle entender que no es ella, que es más gente, que es un prototipo, igual que lo es Moderna. Todos los personajes son estereotipados. Con algún colega de profesión me he visto en algún cómic y he sentido lo que siente mi amiga al ver que se parece mucho a un personaje. Pica.

Los espejos siempre pican.
Exacto. Estaba en un punto cómodo, el discurso que te acabo de soltar ahora es muy entendible, pero cuando me pasa a mí lo de verme reconocida en el trabajo de otro…

¿Hay sexismo en el cómic?
Noto un boom de las tías que lo están petando y hay complejo en los hombres, un poco de resentimiento. Dicen que ahora parece que estamos de moda, que nos invitan a todos lados y que lo tenemos más fácil. No. Hemos suscitado interés. Hay muchísimas mujeres haciendo cosas interesantes. Hay como un rollo de que si eres mujer ahora lo tienes más fácil. No. Si tienes talento y curras, triunfas. Díselo a Paco Roca. Se escudan en esa excusa que antes era al revés. Lo normal era que los hombres triunfaran más. Ahora las mujeres son claramente dominantes y por parte de los hombres hay, no le quiero llamar victimismo, pero sí acomodamiento. Cuando empecé en el cómic era muy raro ver a una mujer. Me miraban con prejuicio y al mismo tiempo con sorpresa de que una mujer propusiera un concepto como Moderna. Me topé son situaciones un poco machistas.

¿Por ejemplo?
Pues ir a un salón del cómic y que me dijeran que era sólo para autores. Tenía que explicar que yo era una autora.

En su web tiene un apartado de «mis viñetas más machistas».
Sí, no me avergüenzo de mi camino, pero en Internet todo el mundo juzga muy rápido. La gente ha avanzado y quien lo había hecho tres meses antes que yo enseguida me trataba de machista o de que mi trabajo era sexista. Tenía ganas de explicarme. Llevábamos mucho tiempo esforzándonos por no hacer nada sexista ni machista y notábamos que la posición de Moderna seguía siendo incoherente y la gente muy purista no acaba de entenderlo. Es un camino que hemos recorrido todos en esta década. Tenía ganas de que la gente se uniera a esa reflexión, pero fue algo más en plan «te perdonamos, bravo, buena reflexión por fin lo reconoces».

O sea, que no se entendió.
Estuvo genial porque se recibió superbién y la gente que normalmente te despreciaba parecía que te perdonaba la vida. Quería fomentar la autocrítica, pero vi que la gente es más de respaldar que tú te critiques. Me hubiera gustado que Andreu Buenafuente dijera «estas son mis entrevistas más machistas» o que Santiago Segura, que compartió una viñeta, hubiera dicho «tal escena, hoy, no la rodaría». Quería que nos sirviera a todos para reflexionar y se quedó en que yo reconocía algo. Falta autocrítica.

Mirarse la viga en el ojo…
Mira, Pablo Motos seguro que ha oído las críticas que le han hecho, pues me encantaría que en El Hormiguero reconociera que ha sido un poco capullo, que ha hecho cosas mal y que va a intentar hacerlas mejor. Pero no, seguro que queda para cenar con Bustamante y le dice: «No soy machista ni feminista, soy persona». [Ríe] No juzgo a nadie permanentemente si esa persona en algún momento se da cuenta, perfecto.

Usted habla de los «portu» los «por tu bien». ¿Cuál es el último «portu» que le han dicho?
Yo soy muy «portu» en realidad, aunque luego siempre añado un «no me hagas ni caso, que qué sabré yo». Los «portu» van en muchos sentidos. Por ejemplo, cuando tienes una amiga que está en paro e, indirectamente, la juzgas porque ha hecho esto mal o debería hacer tal cosa y estás aconsejándola sin tener ni idea. Pero eso es diferente del «portu» machista. Ves a una mujer que no tiene todo lo que una mujer debería, según la sociedad, para ser considerada de éxito y no se te ocurre decir que la sociedad está mal, que esa mujer sí es triunfadora y que la sensación de que no lo es se debe a cómo nos han educado. No. Lo que se hace es decir: «Amiga, te aconsejo que te rindas al sistema patriarcal y te esfuerces en adelgazar, maquillarte comportarte… para conseguir todo lo que este mundo espera de ti». Ése es el «portu», aconsejar algo no pensando en la persona sino en que encaje en un sistema en vez de plantearte si el sistema está bien o mal.

Lo de encajar en algo… Eso también está pasando en el feminismo.
Sí. Las feministas rads, como las llaman en México, ya me han desacreditado. Vine de allí con ganas de hacer una viñeta y me dijeron que no la hiciera, pero oye, el feminismo necesita un poco de humor. Hay una ilustradora allí que tiene un libro, ‘Amiga date cuenta’, que me explicó que en México hay feministas glitter y rads. Hay mucha diferencia, es como ser de derechas o de izquierdas. Yo sería glitter, me gusta la purpurina, los vestidos, el rosa… Intentan ponerte una etiqueta. He leído a mujeres, pero de forma instintiva. No he leído nunca nada, por ejemplo, de Clarice Lispector. En ambientes muy formados eso no se ve bien. Mi vocación, con ‘Idiotizadas’, es que una amiga, una colega, una mujer que acabo de conocer y que me cae bien, no eche su vida a perder.

¿Se puede ser feminista y romántica?
Soy la romántica número uno. Hace poco se montó un cisco al pedirle matrimonio a mi chico. Parece que si eres feminista tienes que ser fuerte y estar sola. Soy feminista y estoy en pareja, no me da miedo decirlo. Igual luego esto no va bien y me divorcio, pues tampoco tendré vergüenza de reconocer que estuve enamorada hasta las trancas. Parece que para ser feminista tienes que encajar en un molde. Y no. Es inevitable tener contradicciones. Seguramente las nuevas generaciones, menos contaminadas, no las tendrán.