CAMPUS UNIVERSITARIO DE OURENSE MARIA ISABEL DE OCAMPO DIRECTORA DE UNA PELICULA DOCUMENTAL

Marta Torres Molina. Ibiza

Productora, guionista y directora, Isabel de Ocampo ganó en 2009 el Goya al mejor cortometraje de ficción por ‘Miente’. Cuatro años después la nominaron a mejor dirección novel por su largometraje ‘Evelyn’, sobre la trata de mujeres para la esclavitud sexual y en el que conoció a uno de los hombres que aparecen en ‘Serás hombre’, el documental en el que De Ocampo, que colabora como presidenta ejecutiva de la European Women’s Audiovisual, disecciona la masculinidad en la actualidad. Este viernes a las siete de la tarde se proyecta en el Club Diario en un acto organizado por la Dirección Insular de la Administración del Estado.

‘Serás hombre’ es un collage sobre la masculinidad. ¿Debo asustarme?
Depende de lo sensibilizada que estés. Trata de la masculinidad tóxica y el machismo. Es una invitación a reflexionar de dónde viene la forma de pensar que heredamos todos y todas. El machismo no es algo que afecte sólo a los hombres. Se ponen en bandeja una serie de propuestas y de ideas para debatir o reflexionar y luego cada uno que haga lo que quiera con esa información.

No hay voces de mujeres en el documental. Es premeditado, supongo.
Que sólo haya hombres es totalmente premeditado y me ha traído bastantes problemas. Quería mostrar modelos masculinos. No podemos proponer un nuevo concepto de masculinidad si no ponemos a hombres que piensan así delante de la cámara diciendo: «Yo soy feminista». Hay que redefinir la valentía. Los hombres que hablan conmigo son valientes tal y como yo lo entiendo: no tener miedo a hablar de tus sentimientos. Eso, para los hombres, es sinónimo de debilidad pero, para mí es valentía.

En el tráiler un exproxeneta dice que si ves a una mujer como una persona, dejas de ganar dinero. Repito: mirar a una mujer como una persona.
Hay una frase que dice que el feminismo consiste en la radical idea de considerar a las mujeres personas. El problema de la cosificación es que cuando hablamos de ello parece algo abstracto, pero no, es algo muy concreto. Para poderte acostar con una prostituta necesitas devaluarla como persona porque si la consideras como una persona igual a ti no puedes hacerlo. Sabiendo que te estás aprovechando de su vulnerabilidad. Si la consideras como tu hermana, no lo puedes hacer porque a tu hermana la quieres. Para maltratar a una mujer necesitas considerar que estás por encima de ella. Escuecen esas palabras, claro, pero es que cuando hablamos de cosificación y de objetualización de las mujeres consiste en esto, en no mirarlas como personas porque si no, en el caso de la prostitución, no puedes sacar dinero de ellas.
A este exproxeneta lo conocía de su anterior trabajo, ‘Evelyn’, sobre la trata, ¿no?
Sí, llevo muchos años hablando con él y asistiendo a su evolución psicológica, que no ha sido nada fácil para él. Admitir que las mujeres son personas es como quitarse la venda de los ojos y ese es un camino de no retorno ¿Cómo te vuelves a poner la venda para seguir explotándolas? La empatía con las mujeres, ser capaces de ponerse en el lugar de ellas, es un trabajo que los hombres tienen pendiente. El problema es que el mandato de la masculinidad les dice que si se ponen en el lugar de una mujer van a ser considerados nenazas, mariquitas o débiles. Hay una gran resistencia a dar ese paso.

¿Cómo se ha construido esa masculinidad?
Hace muchos siglos, a través de una serie de religiones monoteístas que eliminaron de un plumazo a las diosas femeninas. Si dices mi dios es el único y es hombre, la autoridad queda limitada al hombre. A eso le añades el control sobre el cuerpo femenino, como llevan a cabo las grandes religiones monoteístas del mundo, y tienes el caldo de cultivo perfecto para controlar a las mujeres, para cosificarlas. Ahora decimos que hay dos géneros: hombres y mujeres. Antiguamente sólo había uno: el masculino. Las mujeres, los hijos y los esclavos eran posesiones de ese único género, los hombres. Hemos llegado a esta masculinidad a base de perpetuar esa idea tan cómoda y tan llena de privilegios para ellos.

Ser feliz

¿Las mujeres hemos dado unos pasos que ellos no dan ni a la de tres?
Las mujeres hemos avanzado muchísimo y esto está generando muchísima resistencia y violencia por parte de ellos. No quieren perder su posición de poder en el mundo porque perciben que van a perder muchas cosas y desconocen todo lo que van a ganar.

¿Tenemos que vendérselo?
No hay que vendérselo. Si el destino de un ser humano es ser feliz difícilmente vas a serlo si concibes el mundo de esa forma tan desigual y tan injusta. Nunca serás feliz.

En el tráiler una persona trans dice que no era consciente del miedo que pasaba como mujer y que no pasan los hombres.
Sí. Cuando escuché a Paul decir eso caí en la cuenta de que hay gente que sale sola por la noche por la calle y no tiene miedo: los hombres. Nunca me había planteado eso. Fue una sorpresa. Pensé: «Ah, ¿se puede salir a la calle sin estar mirando ni vigilando quién viene detrás de mí?». En ese sentido, los trans tienen el don del conocimiento total porque han experimentado el mundo desde los dos sexos. Tienen un conocimiento que cuando lo comparten con los demás nos quedamos boquiabiertos.

¿Ha descubierto muchas cosas con este documental?
¡Muchísimas! ¡Y las que estoy descubriendo día a día! Estamos haciendo proyecciones con coloquio y estos se convierten en terapias de grupo. Los hombres hablan. También enmudecen. Te das cuenta de que hay muchos hombres abiertos a escuchar y a tratar de cambiar.

¿Cómo se hace eso?
Pues haciendo lo que vais a hacer en Ibiza: llevando a personas que ofrecen ideas nuevas y refrescantes y proyectando documentales como el mío, en los que se plantean estas cuestiones sin atacar a nadie y desde el respeto más absoluto a todo el mundo. La respuesta esperable a esa pregunta es: desde la educación. Me niego a cargar continuamente sobre la educación. Todos somos responsables de nuestro entorno, de nuestro metro cuadrado. ¿Cómo se hace? Con la valentía de cada uno de nosotros para parar los chistes e imágenes sexistas y los vídeos porno que se filtran en los grupos de whatsapp. Todos y cada uno de nosotros y nosotras tenemos una responsabilidad individual y si consiguiéramos no callarnos y no ser cómplices con nuestro silencio no haría falta decir constantemente: la educación, la educación, la educación… Mira, perdona, la educación somos todos.

En otro momento del documental, a una agencia de publicidad le piden una campaña sobre violencia de género y en la reunión uno pregunta: ¿Qué género?
Eso dicen, sí. Primero hay que definir qué es un género y eso es lo que hace un documental, tratar de definir qué es el género. Es un adjetivo. La testosterona no es una hormona masculina, masculino es el adjetivo que le ponemos nosotros. Testosterona también tengo yo. Y hay mujeres que tienen más que un hombre. El género es un adjetivo con el que nos conformamos y con el que nos clasifican nada más nacer, supuestamente para que la vida nos sea más fácil. Pero cuando a una de las partes le hacen un agujerito en la oreja nada más nacer y luego, cuando crece, la acusan de coquetería… El género no tiene nada que ver con la naturaleza, es una voluntad de ser de una determinada manera que impone la sociedad tanto a los hombres como a las mujeres.

Desde que nacemos las mujeres tenemos claro lo que se supone que tenemos que ser, pero en el caso de los hombres, ¿esto se define a través de la negación, de lo que se supone que no deben ser?
Exacto, porque ellos nacen con el privilegio de pensar que lo masculino es lo neutro. Este documental propone que lo masculino no es lo neutro, lo masculino es masculino. Y lo masculino es también, de nuevo, una serie de mandatos. Si encajas en ellos, serás aceptado por tus padres, compañeros y amigos. Pero si te sales de ese comportamiento se van a reír de ti y te van a ridiculizar. Más te vale, por ejemplo, no pintarte las uñas. Esto ocurre desde pequeños. A los niños, a los tres años, si les propones profesiones de mujeres y de hombres asociarán las de cuidados a las mujeres. ¿Por qué? Porque miran a su alrededor y es lo que ven. Por eso es importante que haya mujeres ejerciendo la autoridad, en puestos directivos y tomando decisiones. Somos más de la mitad de la población mundial y parimos al mundo entero. Algo tendremos que opinar.

Pues para ser las que parimos al mundo tengo la sensación de que se nos respeta muy poco.
Un profesor que sale en el documental tiene una respuesta para esto, un amago de respuesta, un borrador. Cuando te tienen metida en casa y centrada en los cuidados no puedes dedicarte a dirigir el mundo. El hecho de que la maternidad esté tan castigada es una forma de controlar a las mujeres. La maternidad está castigada desde el momento en que te quedas embarazada. Te quedas sin trabajo, cobras menos, te dejan de promocionar… Estás pariendo ciudadanos que dentro de equis años te van a pagar las pensiones y es absurdo que los gobiernos no estén de rodillas, suplicando a las mujeres que den a luz a más ciudadanos.

Ley de Violencia de Género

Ahora que habla de gobiernos, Zapatero también sale, ¿no?
Sí, porque bajo su mandato España elaboró la Ley de Violencia de Género, que fue casi pionera en Europa. Lo reivindico no por ser Zapatero sino por ese avance que logramos los españoles. Hay que reivindicarlo: hemos tenido el primer presidente feminista de la historia de la humanidad. Antes que el de Canadá, Trudeau, que se está llevando las medallas. No, lo siento, estábamos nosotros antes. Esto también es marca España, patriotismo, pero éste no les interesa a los fachas.

¿El patriotismo también es machista y masculino.
Sí, reivindicar ese tipo de patriotismo, que somos un país puntero en avances sociales, bueno, éramos, para ellos esto no es patriotismo.

¿Como feministas hay que ir afilando los cuchillos para lo que se viene encima?
Sí. Hay que ser fuertes. Estamos en un momento de involución de los hombres cangrejo, que van hacia atrás porque les asusta ir hacia adelante. No hay que darle mayor importancia. Ellos mismos caerán por su propio peso en la historia como lo han hecho todos los hombres que se negaban a avanzar.

Buscando información sobre usted y su documental me encontré con ‘Mi marido me pega lo normal’, de Miguel Lorente.
Sí. El otro día hablaba con un policía al que habían cambiado de unidad, de Homicidios a Violencia de Género, y estaba asustado. Decía que la violencia contra las mujeres tiene un ensañamiento que no es normal. Estaba abrumado. Es esto: mi marido me pega lo normal. Es una normalización de la violencia contra las mujeres. Cuando ellas y ellos la interiorizan tenemos un problema muy grave. A Miguel Lorente, médico forense, le pasó lo mismo. Tenía que hacer partes de violencia y se encontraba con que las mujeres llegaban con unas heridas que no eran normales. Era crueldad. Cuando una mujer le soltó esa frase se dio cuenta de que era un problema estructural.

Su productora se llama Mandil. ¿Una declaración de intenciones?
Totalmente. Spike Lee llamó a su productora 40 acres & a mule, como reivindicación y se me ocurrió ponerle este nombre por el mismo motivo: si nos han castigado a estar siempre en la cocina con el mandil, pues olé. Aunque mi productora ha fallecido. Este documental lo he hecho con otro nombre, Isabel de Ocampo.

Igualdad

¿Optimista o pesimista en cuanto a la igualdad?
Pesimista. Soy pesimista con el cambio climático, defiendo que vamos a ver la muerte porque no tiene solución. Igual nosotros no, pero nuestros hijos o nietos, sí. Y vivimos en un país donde ya sabemos cómo actúa el calor en las mentes. Se vuelve todo más irritable e insoportable. Soy muy pesimista porque a más calor, más violencia contra las mujeres. Aunque también soy optimista porque creo que esa violencia contra las mujeres cada vez va a estar más desacreditada y acotada. Confío en que cada vez sean menos las mujeres asesinadas.

Tras el documental, ¿ha cambiado su idea de lo que es ser hombre?
No, porque tenía claro lo que quería contar. Este documental es una especie de tesis doctoral audiovisual. Quería contar esas ideas al mundo. Lo que no me esperaba es que el mundo estuviera de acuerdo conmigo. Cuando empecé a prepararlo busqué la palabra masculinidad en Google. Había poquísimas entradas. Tres años después éstas se habían multiplicado por tres. Se hablaba mucho de ello en los países anglosajones, pero muy poco en los de habla hispana. Lo único que ha cambiado en mí es que antes hablaba de ello y me miraban rarísimo y se reían. Tengo vídeos de hombres a los que les explicaba que iba a hacer un documental sobre masculinidad y que me contestaban: «¿Eh? ¿Qué es eso?». Ahora todo el mundo sabe de qué estamos hablando. Me parece un motivo para el optimismo.